Yo estaba bien aunque muy asustada eso sí. Me había golpeado los codos, se rompieron mis uñas por aferrarme al asiento y estaba aún angustiada y aterrorizada por la horripilante experiencia. Igual se sentía el piloto. Soplaba su angustia una y otra vez. Fue en ese mismo instante, en ese milésimo de segundo que vi a Perkins. Estaba tumbado delante del carro, en la parte del copiloto, hecho un ovillo. -¿Estás bien?-, le pregunté aturdida.
Perkins me miró y sonrió. -No, Jenny, no estoy bien, me