Lo que yo no sabía es que Alessia estaba de amoríos con un sujeto europeo que conoció en una de sus tantísimas comisiones. Era reportero gráfico y trabajaba como corresponsal de agencias informativas del viejo mundo. Hubo click al momento, apenas se vieron a los ojos. Mi amiga quedó prendado del encanto de ese sujeto tan guapo y alto, rubio y de mirada celeste que la encandiló de inmediato.
Mi amiga había tenido, siempre, mala suerte en el amor. Sus romances anteriores se saldaron en sendos fracasos, estaba decepcionada de los hombres y se había abocado a su labor periodística, olvidándose de sus desalientos y desamores.
Sin embargo el tipo ese la había enamorado por completo a Alessia. Ella me lo dijo. -Dimitar es muy lindo, dulce, galante y maravilloso, y besa delicioso-, me dijo mi amiga abanicando sus ojitos, sonriendo pícara y entusiasmada por su nueva relación sentimental. -Es muy romántico, además, le encanta la noche, las estrellas, la Luna, el mar y escribe poesías-, m