Capítulo 108

Rebeca quedó boquiabierta y pasmada cuando llegamos a Stone Valley. Estacioné el carro en la entrada del pueblo.

La teniente Harrison bajó del vehículo desconcertada, anonadada y perpleja mirando absorta las casitas pequeñas, las pistas, las veredas, los autos yendo y viniendo por las calles, las palmeras, los parques, la gente transitando indiferente, las tiendas abiertas, las voces afables llevadas por el viento y el aroma de calma y sosiego en todas las esquinas. -¿Son todos licántropos?-, balbuceó Rebeca sin salir de su asombro.

-Todos-, le respondí recostada a mi auto. Justo Alessia me había escrito en mi móvil diciendo que había un crimen horrendo en los acantilados. A un hombre lo habían degollado, al parecer, en un ritual satánico. Le habían pintado en el cuerpo toda suerte de garabatos y dibujos obscenos. La noticia sería la central y la portada de la edición impresa de "El Fisgón", me anunció.

-Provecho-, le mandé un emoji de risas.

Dejé mi carro en una coch
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