Faltaba poco, solo tres días, y Mario y yo nos veríamos en los tribunales. Esta vez mi primo estaría encerrado entre rejas, y nunca volvería a hacer daño a alguien más.
Pienso en Fernanda como siempre, y su recuerdo es vivo y palpable. Ella es hermosa, leal, cálida, de las que te roban el alma con una sonrisa, y Fernanda no paraba de acumular cargos. Yo simplemente la quiero.
Cavilo en los últimos ocho años, viviendo en lo que creía mi infierno personal, si saber que era lo que esperaba, has