Santiago
Ocho años atrás.
Liliana y yo salimos a tomar desayuno afuera, en un cafetín al aire libre, aprovechando del sol y del poco tiempo que pasábamos juntos. Los exámenes nos tenían tan ocupados, que si no fuera porque recordaba que estaba en mi último año de carrera, lo dejaría todo botado por los suelos. Y ahora debía esforzarme más por ese título, cuando el contrato de compraventa, para el terreno donde construiría el bufete de abogados, estaba a una llamada.
Pero no tuvimos mucho ti