El amanecer se filtraba tímidamente por las rendijas de las persianas, bañando la habitación en una luz suave y dorada. Mis parpados se abrieron lentamente, y me encontré mirándola. Su sonrisa era tímida pero llena de complicidad. La noche anterior había sido mágica, repleta de deseo y pasión. Cada caricia, cada suspiro, nos había llevado a un lugar de intimidad que nunca habíamos explorado antes.
Ella se acomodó en mis brazos, y pude sentir claramente el latido acelerado de nuestros corazones,