Mientras esto ocurría, Daniel, que estaba conversando con otros invitados, notó la conmoción y se acercó. Cuando vio a Isabela, su rostro pasó de la sorpresa a la incredulidad. Sin decir una palabra, se abrió paso entre los demás y la abrazó.
“¡Isabela! ¿Qué haces aquí? ¿Cómo llegaste a Marruecos?” preguntó, con una mezcla de alivio y confusión.
Isabela, incómoda por el abrazo, se apartó ligeramente. “Lo siento… ¿Nos conocemos?”
La expresión de Daniel cambió de inmediato. Sus ojos, llenos de em