GÉNESIS
—Lo entiendo, perfecto. Ya dijiste suficiente.
No había dicho lo suficiente. Quería decirle que iba a abandonar todo, que iba a quedarme con él.
Di dos pasos hacia él.
Pero recordé que eso sería imposible. Me di la vuelta y salí de aquella oficina. Tenía un nudo en la garganta y dolor en el corazón.
Llegué a mi oficina, olvidé que se encontraban Leyla y Felipe.
—¿Está bien? —preguntó Felipe.
—Muy bien, te aseguro que Ethan no volverá a molestar.
Leyla me miró; ella sabía que nada e