—Gracias, mi amor. —Dejé recostada a Dafne en la cama. Después de dos días le dieron de alta y, como buen prometido, la traje a su casa—. Eres el mejor. —Besó mi mejilla y le di una sencilla sonrisa.
—Es mejor que descanses; tengo que ir a la empresa y regresaré por la tarde. —Besé su frente e intenté alejarme, pero ella me tomó de la mano.
—Te amo. —susurró. Y sonreí de nuevo. No podía responderle de la misma manera. Fui a mi auto y conduje hasta el apartamento de Leyla. Tenía la necesidad d