CAPÍTULO 27
Genesis
¡Tonta! ¡Estúpida! ¡Idiota! Y todo aquel calificativo que se refiera a mí mismo me lo merecía. Nunca debí dejar que todo aquello pasara en la habitación. Me arrepentía mil veces, me había comportado como una cualquiera, una zorra. Él era el prometido de mi hermana, trabajaba en la misma empresa, casi vivía en la misma casa y yo, de estúpida, me puse a jugar con él de esa manera.
—¡Genesis! —Escuché la voz de mi amiga, levanté mi mano y enseguida ella llegó a mi lado —¿Qué t