La barcaza de Ptah intentó seguirlos, pero las cañas eran demasiado densas, el camino, demasiado estrecho. La embarcación de Ptah se atascó, los remos se enredaron en la vegetación. Sus hombres maldijeron, intentando abrirse paso.
—¡Los perdimos! —gritó uno de los hombres de Ptah.
—¡No! —rugió Ptah, su rostro se contorsionó en una máscara de frustración—. ¡Menna no puede salirse con la suya! ¡Registren cada rincón! ¡No hay escape de las aguas del Visir!
Mientras los hombres de Ptah se adentraba