Margret
—Eres una buena chica, Mar —estaba sentada en una silla muy pequeña, en medio de una habitación. La habitación parcialmente iluminada por una bombilla que reposaba sobre mí cabeza—. Pero, ese es tu defecto.
Alguien me hablaba, un hombre, pero no podía verlo. Aunque era yo la que estaba sentada ahí, no tenía ningún poder en mi cuerpo.
Solo podía ver unos jeans azules, con manchas frescas de algo rojo, y más abajo de eso, unos pies descalzos llenos de cortes y sangre seca.
—¡¿Me estas esc