Clara fingió estar asustada: —¿Qué pretendes hacer? Te salvé la vida, déjame ir, todavía necesito encontrar medicinas...
Ezequiel la levantó sobre su hombro como si llevara un saco, sin el menor indicio de compasión.
También colocó su mochila sobre su espalda: —No te dejaré ir hasta que cure mi cabeza, olvídate de eso.
La comisura de los labios de Clara se curvó lentamente mientras hacía un gesto de éxito hacia el bosque cercano, donde se encontraba Memoria.
Ella mostró intencionalmente sus habi