En su campo de especialización, Clara se mantenía erguida con confianza. —Te lo he dicho y no me crees. No te muevas.
Afortunadamente, desde el principio había considerado todas las posibilidades. La identidad que se había inventado para sí misma era la de médica, así que en su mochila llevaba suministros médicos.
Sacó su estuche de acupuntura y encendió una linterna de emergencia.
Al ver las agujas de plata en su mano, Ezequiel habló fríamente: —¿Qué pretendes hacer?
—Voy a aliviar tu dolor de