Jairo miró a Clara, y en su rostro pálido se dibujó un destello de anhelo. —Clara, en esos dos años que pasamos juntos, ¿hubo siquiera un momento en que me llegaste a querer?
Clara lo miró con frialdad, su mirada gélida y llena de desdén.
—No, en ningún momento dejé de odiarte con todas mis fuerzas.
Jairo esbozó una sonrisa amarga. —Así me lo imaginaba.
Todo no era sino un ajuste de cuentas.
Jairo contempló la fría fotografía en la lápida. —Laura, todo lo que te debía, ahora te lo devuelvo...
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