Clara se apresuraba, cuanto más cerca estaba del nido de serpientes, más inquieta se sentía. Aquel lugar era difícil de escapar incluso para una persona normal, y mucho menos para un ciego como él.
Si caía en el nido de serpientes, sería devorado por miles de ellas hasta la muerte.
Clara no se atrevía a imaginar esa escena.
El viento frío traía consigo el olor nauseabundo de las serpientes, y Clara temblaba incontrolablemente.
Ella era como una bestia, con el único pensamiento de correr desesper