—Jefe, no puedo quedarme de brazos cruzados.
—No te acerques, ¡es una orden! Quédate ahí, sin moverte.
Zenón levantó la cabeza para evitar que sus lágrimas cayeran. Había presenciado a muchos hermanos sacrificarse en el campo de batalla, y la vida y la muerte ya no les afectaba.
La muerte de Laura le dejó una sombra en su mente. Sus piernas estaban casi inútiles, pero él se esforzó al máximo en su rehabilitación con la esperanza de poder estar junto a Diego para protegerlo y evitar que ocurriera