Amargura.
La alarma sonó a las seis, pero Valentina llevaba despierta desde mucho antes. Había pasado la noche dando vueltas entre las sábanas, sintiendo cada minuto estirarse como un hilo tenso a punto de romperse.
El encuentro en la oficina con Alexander, su cercanía, su voz baja y enredada de emociones y luego, la aparición repentina de Lucca en el pasillo.
Todo eso mezclado había hecho imposible cerrar los ojos sin que el corazón le diera un vuelco.
Se levantó sin energía, pero forzándose a moverse.