—Ven, vámonos—dice, entonces con la mano en mi culo, me lleva al baño, donde se quita la ropa y ambos entramos en la ducha.
Con el agua en un ligero rocío y sus brazos colocados a cada lado de mí, se siente como si hubiera retrocedido en el tiempo a los que éramos hace semanas.
Lo miro mientras él me mira como si estuviera esperando algo.
—¿Que estás haciendo? —le digo, apenas por encima de un susurro.
—Esperando.
—¿Esperando qué?
—A ti.
Entrecierro los ojos, sin comprender.
—¿Qué quieres decir