—¿Ellos están esperando a que yo lo mate, general? —la pregunta de Tatiana era solo para corroborar lo que ya presentía.
—Así es, Tatiana —el general bajó un poco la voz— Después de deshacerte de dos agentes que te seguían en Kiev, el último en el aeropuerto, a quien dejaste sentado en la sala de espera como si estuviera vivo, y de evadir todos los controles para llegar aquí les dió esa impresión.
—Eso quiere decir que yo estoy sentenciada también, ¿No? —la voz de ella ya no era fría pero si du