—Está blofeando, Velkan —se escuchó la voz de Dogan, cada vez más insegura porque gritaba más cada vez que hablaba, como para darse y dar ánimo a los suyos— Además, para cuando lleguen los militares, si no te rindes ahora, no quedarán más que los cadáveres de ustedes para comida de los lobos, creo que ni siquiera podrán identificarlos.
—Yo no dije que necesitara a los militares, Dogan —les gritó de nuevo, mientras hacía esto miraba con cuidado por la trampilla y por la ventana— Solo quería adve