Sólo se escucharon dos leves gritos…
—¡Velkan! —dijo ella.
—¡Tatiana! —dijo él.
Ambos se tomaron de las manos y luego se fundieron en un abrazo, como si quisieran abrazar toda la eternidad de tiempo en que no pudieron abrazarse antes. Velkan lloraba sollozando, parecía como que, si el corazón se le quería salir del pecho, sentía suave perfume de ella contra su nariz y la calidez de sus brazos alrededor de él.
Tatiana no podía creer que estuviese abrazando al amor de su vida de nuevo, sus lágrim