Esa mano, a lo largo de su cintura, subió hasta cruzar su ropa interior y agarrar su pecho. Clara dio un respingo repentino, tan emocionada que sus extremidades se volvieron inútiles. Las manos ya no eran manos, los pies ya no eran pies, la mente también se vació, sin tener idea de lo que estaba haciendo o qué debía hacer.
Mientras tanto, Felipe gruñó, ¡estaba fuera de sí! Su mano parecía haber perdido el control, con una fuerza sorprendentemente intensa, quería dominar, quería abusar, quería e