Un relámpago iluminó los rostros de la mujer y de Ania.
La mujer estaba pálida, abrazaba con fuerza al bebé en sus brazos y giraba para correr, pero detrás de ella solo había una pared helada.
Se encontraba en un callejón sin salida, sin escapatoria por detrás y con Ania adelante.
La mujer sabía que no podía escapar. Se detuvo, se volvió hacia Ania con los ojos enrojecidos y preguntó con voz entrecortada:
— ¿Por qué?!
Ania no dijo nada, avanzaba hacia la mujer paso a paso sobre el agua acu