El semblante y el tono de voz de Felipe dejaron a Clara sin aliento. Con calma, ella intentó mantener la compostura y dijo:
—Si me sirves bien, te recompensaré con miles de acres de tierras fértiles. Pero si no cumples, arrasaré con tu familia.
—¿Oh? ¿Es así? —respondió Felipe de repente, con un tono un tanto arrogante.
Clara, poco acostumbrada a esta situación, respondió con firmeza:
—Soy la emperatriz, mi palabra es ley.
—Entonces, emperatriz, dime, ¿qué debo hacer para servirte adecuada