Diez minutos más tarde, Clara llegó a su apartamento en Residencias Aurora.
Al darse cuenta de que la puerta estaba ligeramente entreabierta, sintió al instante que algo iba mal. Recordaba haber cerrado la puerta con llave al salir anoche.
¡Alguien debe haber estado allí!
Clara frunció el ceño y empujó con cautela la puerta para entrar en la casa.
Se quedó en estado de shock.
Todos los muebles estaban dañados. Incluso había escritos en la pared.
—Clara Rodríguez, zorra. ¡Muere!
Las palabra