Débil, febril y aturdida, hago todo lo posible para mantenerme despierta. No estoy dispuesta a rendirme. Tengo la sensación de que mi cuerpo pesa una tonelada. El lado izquierdo de mi rostro, justo donde golpeó, arde en calor. Es como si hubiera brazas ardientes sobre mi piel. Incluso, papita de la misma forma en que lo hace mi corazón.
―Mantente en silencio y acepta, en nombre del Señor, la penitencia que debes cumplir para que puedas ser merecedora del perdón de Dios ―sisea entre dientes―, un