Estoy nerviosa. No sé si pueda quedarme tranquila sabiendo que todas las personas que me importan corren peligro.
―Prométeme que volverás.
Se inclina y me besa en los labios al cubrirme con la sábana.
―Nada ni nadie me va a impedir volver a ti, cariño ―me vuelve a besar y se pone de pie―. Descansa, por favor, ha sido demasiado estrés para ti durante las últimas veinticuatro horas. Piensa en nuestro hijo. Él te necesita más que nunca.
Asiento en respuesta, pero, por más que me lo pida, no voy a