La palidez de su rostro me tiene muy preocupado. Salgo de su habitación y me dirijo a la cocina para buscar una bebida para ella, pero la intranquilidad que siento me hace cambiar de decisión. Me detengo en la planta baja y hundo la mano en el bolsillo de mi pantalón. Justo en ese momento aparece Jacob.
―¿La señora está bien?
Dudo, antes de responder.
―No estaré seguro hasta hablar con el doctor que nos atendió en la clínica. La veo muy pálida y hace breves momentos se vino en vómito. No pienso