Toma mi mano y en el momento en que baja del auto, me da un tirón y me pega contra su pecho. Suelto el aire que he estado conteniendo en los pulmones desde que acepté venir con él, inclino la cabeza hacia atrás y lo miro a los ojos.
―Tu rostro… ―se relame los labios y recorre mi rostro con sus ojos como si aquello fuero su objetivo primordial―. No sé por qué me pareces tan familiar ―sus palabras me dejan petrificada―. Incluso, tengo la extraña sensación de que te conozco de alguna parte.
Jamás p