La cabeza me palpita como bomba de tiempo. Gimo y aprieto mis dientes cuando un ramalazo de dolor atraviesa mi corteza cerebral y retumba entre las paredes de mi cráneo. Elevo la mano y hago presión en aquel punto en el que el dolor es más intento, pero me detengo a medio camino cuando los recuerdos invaden mi mente.
―Fuiste tú, ¿cierto?
Mi corazón desata una andanada de latidos convulsos y desenfrenados. Lo presentí desde el primer momento que sentí su esencia maligna. Había algo en ese sujeto