Escuchaba a los chicos tocar, Dylan cantaba precioso y esas canciones de su puño y letra eran divinas, pero no era a él a quien miraba, como una tonta mientras no entregando bebidas me deleitaba mirando a mi flaco bello.
Todos los días, hacia esa balanza sugerida por Catalina, esa enseñanza fue de ayuda, no para hacerme soltar carcajadas, sino para mantenerme en agradecimiento, cada que la hago agradezco en vez de lamentarme. Reconozco que termino sonriendo, y eso me ha ayudado a diario a no ca