Comencé a saltar como un saltamontes alocado. Esto era una gran oportunidad para mi Monito precioso. Esa su carta para darse a conocer ante un gran representante y Dylan se merece ser conocido y que el mundo lo amen como yo.
—¡Megan, gracias!, ahora si debes volver a la casa a comer las empanadas de mi mamá.
—Por supuesto, querida. Déjame y organizo unas cosas de mi universidad y te visito. Nos estamos hablando Cata. Un abrazo.
—Igual.
La vez que la conocí tenía pintado el cabello de color ve