—Hola, hijo.
Mi padre llegó a la terraza donde he pasado desde que llegué del trabajo. Los voy a extrañar una vez se regresen a Estados Unidos, se van después de la boda de Lucían.
» ¿Estás bien? —afirmé y negué.
—Quisiera decirte que sí, pero la verdad no lo estoy. Ya tengo un mes viviendo con Betty desde que aceptó ser mi esposa.
Mi viejo se sentó en la mecedora de al frente, la tarde refrescaba un poco, por fin había llegado las lluvias.
» Siento que la he forzado, no quiero presionarla,