Estaba tan feliz. Fue como si me hubieran quitado un peso del alma.
—Gracias por no dejarme cometer la locura de quitarle el apellido a Cadie.
—Rafa fue el maestro, pero en ese caso primaban dos razones importantes. Una la niña y dos tú debías aprender que con enojo no se soluciona nada. Ya estaba bipolar con el tema, Rafael no. Jamás estuvo de acuerdo.
—Gracias, mamá… —Se tapó la boca—. ¿Te puedo pedir un consejo?
—Ay, hija, los que quieras.
—¿Qué hago con Ricky?
Me miró de la misma manera q