Todas mis maletas las envié directo a Brasil, me quedé con la pequeña que tenía en este momento en el taxi de camino a la dirección del remitente en las cartas de Lucas. Espero se encuentre, de lo contrario me tocará esperar hasta su regreso. El taxi se detuvo al frente de un edificio.
Antes de bajar vi que Camila salía de la recepción y estaba enojada. ¡Maldita sabandija! De esas mujeres se puede esperar cualquier cosa. ¡Lo que la tal Rosa le hizo a Betty no tenía nombre! Bellacas e’mierda. Pu