Me levanté temprano, no sé a qué horas nos íbamos para la finca, ojalá Cata se anime a ir con nosotros, si me quedo sería muy evidente y no quiero perder, vamos empatados. Saqué mis abarcas, jean, camiseta, desodorante, perfume y listo. Bajé las escaleras, los abuelos desayunaban plátano maduro con huevo cocido, queso y suero. Mi abuela ya compartía con ellos. José Luis extendió los brazos y lo cargué mientras Mayo servía mi desayuno, estábamos en el quiosco.
—¿Cómo estás cuñadito?
—Ahora si