Narra: Alexander
Londres amaneció bajo una capa de niebla metálica que parecía ajustarse a la frialdad de los edificios de la City. Entramos en la sede de Phoenix Capital no como intrusos, sino como los únicos arquitectos que quedaban en pie tras la demolición de la vieja guardia. La alfombra de la planta ejecutiva, por donde mi madre había dictado sentencias durante décadas, ahora recibía el paso firme de mi esposa. Amelia caminaba con la frente en alto, su traje blanco marfil inmaculado desta