Narra: Alexander
El búnker era una jaula de acero y datos que apestaba a historia antigua y a traición recién horneada. Julian Cavendish, el hombre que creía haber orquestado el tablero del imperio, permanecía en el centro del recinto, con la pistola táctica aún en mano, pero con la mirada de un colateral cuya deuda ha superado su capacidad de pago. Mi fijeza asesina no vaciló ni un segundo; mi cuerpo, tenso como un resorte, se interpuso entre él y Amelia, reclamándola como mi propiedad territo