Tiempo después, el avión aterrizó.
Las ruedas tocaron la pista con un golpe seco, vibrando bajo la enorme estructura metálica. Los pasajeros aplaudieron, algunos llorando todavía, otros riendo con esa risa rota de quien estuvo demasiado cerca de la muerte y no sabe cómo procesarlo, puesto que había sido un verdadero milagro del cielo que La voz del piloto, ahora firme, anunció el aterrizaje en Suiza con una calma que no era real, pero que bastaba para engañar a quienes querían creer.
Ángela no