Fugazmente, aquel día que parecía dispuesto a deslizarse con la mansedumbre de siempre se desgarró en un caos que ni siquiera los policías —hombres acostumbrados a ver lo peor— lograron explicar con una lógica que no sonara a delirio.
La noticia, por supuesto, estalló en los medios como un fósforo ardiendo en un cuarto oscuro.
En redes sociales, el tema se volvió un fantasma pegajoso: se mencionaba, se debatía, se exageraba. Y siguió rondando incluso un año después, como si la ciudad entera no