19- La Rendición del Deseo.
Él la levantó en brazos, sus labios fundidos en un beso que era a la vez un ruego y una admisión. La rabia de no poder conectar con Gael, el alivio de ver a Sarah lograrlo, y la punzada de celos, todo se resolvió en la urgencia de su toque.
Gabriel la llevó sin aliento, cerrando la puerta del dormitorio con el pie. La tiró sobre la cama, sin delicadeza, y la siguió, atrapándola bajo su cuerpo.
—Te amo —gruñó Gabriel, la frase escapó como una confesión forzada, y su rendición final—. Te amo, Sar