—¿Le dijo algo, señora? —preguntó John, intentando contener la ansiedad que se le escapaba en la voz.
La mujer frente a él, una señora de expresión tierna y ojos tristes, suspiró profundamente antes de responder.
—Solo dijo que necesitaba ausentarse para atender algunos asuntos personales… y que no sabía cuándo regresaría. —Hizo una breve pausa, llevándose la mano al pecho—. ¡Ay, cuánto extrañamos a nuestra querida Elizabeth…! Generosa, silenciosa... John permaneció en silencio, escuchando aten