Elizabeth
Poco a poco, Elizabeth intentaba abrir los ojos, y la conciencia regresaba como una niebla.
Un pinchazo agudo en el tobillo. Después, una presión sorda en la cabeza, palpitante, pulsando como un tambor amortiguado dentro del cráneo.
Elizabeth gimió en voz baja, los ojos aún cerrados. La lluvia fría golpeaba su rostro, mezclándose con la sangre que corría por su frente. Todo su cuerpo dolía, pero era el frío lo que más la castigaba, como si penetrara hasta los huesos.
Con dificultad, ab