En un lugar desconocido
La habitación era fría, iluminada solo por una lámpara colgante que proyectaba sombras en las paredes de hormigón. Elizabeth permanecía sentada en la silla, con las muñecas marcadas por las cuerdas que la ataban. Intentaba mantener la calma, pero el dolor y el cansancio ya empezaban a pasar factura.
Uno de los hombres entró, con el rostro cubierto por una máscara negra. Sus pesados pasos resonaban en el suelo de cemento. Sin decir una palabra, se inclinó y comenzó a desa