Oliver Walker vivió hasta los ciento un años y falleció tranquilamente en su casa, rodeado de sus hijas, nietos y bisnietos. Su despedida fue serena, como la de un hombre que había cumplido su misión. No solo dejó grandes logros materiales, sino, sobre todo, el legado de una familia unida y feliz.
Antes de partir, tuvo la alegría de ver a John y Elizabeth construir un matrimonio sólido y lleno de amor, bendecido con cuatro hijos: Anthony, Mary y los gemelos Luke y Luize. También presenció la boda de Arthur, que le dio otro nieto, y vio a Claire unirse a un gran empresario, aunque aún no tenían hijos. Y Cathy, su hija menor, que a pesar de su edad, se había casado con un buen hombre que la amaba. Cathy no tuvo hijos, pero fue acogida con mucho cariño por los tres hijos de su marido.
A petición de Oliver, el funeral fue breve, solo con familiares y amigos cercanos. Dejó claro su deseo de que se reunieron por la noche para una cena en la que nadie lamentara su muerte, sino que recordarán