John
John estaba encerrado en la sala de la habitación doble del hotel, con las luces tenues reflejándose en las pantallas frente a él. En los monitores, las imágenes de Elizabeth se repetían como una película que no podía dejar de ver. En uno de los cuadrantes, el vídeo en tiempo real mostraba cada detalle de lo que ocurría en el restaurante: entregas, conversaciones, preparativos.
Un ligero golpe en la puerta rompió su concentración, y Bruce entró.
— Señor, perdone que le interrumpa... Carls