Bruce
Bruce irrumpió en la sala de Inteligencia con expresión seria.
— Buen trabajo, señor Carlson — saludó, estrechando firmemente la mano del hombre de mediana edad que había liderado aquel equipo durante años.
— Gracias. ¿Cuáles son las nuevas órdenes? — preguntó Carlson.
— Envíe un equipo inmediatamente a la ciudad. Se hospedaron en un hotel de la región. Mañana por la mañana, el señor Walker y yo estaremos allí. Quiero un informe completo de todo lo que consigan en cuanto lleguemos. Información, movimientos, lo que sea.
— Sí, señor. Me encargaré de ello ahora mismo — confirmó Carlson.
Bruce asintió brevemente y salió apresurado. Había tareas por delante, y cada segundo era precioso.
En cuanto la puerta se cerró, Carlson se volvió hacia su equipo, dando palmadas para llamar la atención. Su voz, firme y llena de autoridad, resonó por la sala.
— ¡Atención, personal! Olviden cualquier plan para hoy. Nadie se va a casa. Avisen a esposas, novias, madres, hijos, perro, loro, ¡a quien se