John
John permaneció inmóvil en su oficina, con el teléfono aún en la mano y la mirada fija en la pantalla oscura. Tenía los hombros tensos y la mandíbula apretada. No podía creer lo que acababa de oír de su madre.
Respiró hondo. Con un gesto contenido, dejó el aparato sobre la mesa. Se sentó en la silla giratoria, apoyó los codos en la superficie de madera y se presionó las sienes con los dedos, intentando aliviar la creciente presión en su mente.
¿Por qué tiene que ser todo así?
La pregunta r