CAPÍTULO CIENTO NOVENTA Y NUEVE
Emily seguía ajena a todo lo que sucedía a su alrededor, mientras que su vista estaba centrada en el rostro sereno y tranquilo de Daphne. El maquillaje había hecho un verdadero milagro, porque sus facciones se veían sin rastro de dolor ni sufrimiento. También se pudo disimular las cicatrices de las operaciones y del propio accidente automovilístico.
Y el vestido rojo oscuro de cuello en V y mangas largas, que Emily le había puesto, contrastaba con el sutil rubor